Se calcula que las
autoridades iraníes bloquean el acceso a más de cinco millones de páginas web,
entre ellas las redes sociales más populares como Facebook, Twitter o YouTube,
sitios de pornografía, entidades bancarias, medios de información considerados
“hostiles” y, por supuesto, páginas de organizaciones defensoras de derechos
humanos y grupos opositores al régimen.
Sin embargo, al menos
cuatro millones de iraníes tienen cuenta de Facebook, según el propio gobierno,
cifra que otras fuentes elevan hasta los 15 millones.
Las páginas de Facebook
más seguidas en Irán son las de el cantante Shadmehr Aghili, con casi dos
millones de “me gusta”, la cadena de televisión Manoto TV (prohibida en el
país) y la cantante Shakira, a la que siguen más de millón y medio de iraníes.
BMW, Mercedes-Benz, Zara
y Gucci son las marcas más seguidas desde Irán en esa red social y, en las
páginas deportivas, el primer lugar es para el F.C.Barcelona, con 800.000
seguidores, y el segundo para el Real Madrid, con cerca de 700.000.
Millones de iraníes
tienen también cuentas en Instagram, cuelgan vídeos en Vimeo o YouTube y el
propio ministro de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, tiene un perfil de
Twitter verificado que usa habitualmente y que leen 200.000 seguidores.
No es que las restricciones no existan:
están ahí y convierten el acceso en un quebradero de cabeza, un molesto ir y
venir, intercambiar programas, descargar y actualizar antifiltros o pagar a
algún experto que desbloquea las limitaciones.
La penetración de
internet en Irán es de un 55%, la segunda más alta de Oriente Medio (tras
Israel) y, según el Gobierno, el país tiene 45 millones de usuarios.
Una encuesta publicada
recientemente por el Ministerio de Juventud y Deportes asegura que el 70% de
los jóvenes que navegan utilizan antifiltros.
“Cada semana voy a ver a
una decena de clientes para instalar antifiltros”, explica a Efe Mazyar, un
informático que prefiere no decir su apellido.
Aunque siempre ha habido
vetos, la situación empeoró en 2009 tras la polémica reelección de Mahmud
Ahmadineyad y las masivas protestas que la siguieron, muchas convocadas en las
redes sociales.
“Hace seis años que
aumentaron estos problemas”, dice el experto, que explica que “hay varios tipos,
pero los más utilizados son los VPN (Red Privada Virtual) o proxy”, tecnologías
que conectan al usuario a internet a través de otro servidor fuera de Irán.
En millones de
escritorios de ordenadores iraníes uno puede ver los logotipos de Psiphon,
Freegate, Ultra Soft, Tor o cualquier otro programa que permita navegar con
libertad por la red.
Estos puede durar
abiertos unos días, meses con suerte, tras lo cual suelen ser localizados por
las autoridades, dejan de funcionar y hay que buscar otro o actualizarlos.
También hay gente que
contrata empresas extranjeras especializadas en servicios VPN, algunas de ellas
subvencionadas por un fondo del Congreso estadounidense para ayudar a las
compañías de IT a ir por delante de los vetos de regímenes que censuran internet.
“Los controles de internet son ridículos.
Si la gente quiere ver fotos sexi o webs políticas lo hacen sin problemas”,
dijo a Efe un joven que pidió no ser identificado.
“Dicen que quieren
conservar la moral y darle al pueblo un internet ‘sano’, pero en realidad
buscan impedir la libertad de información y opinión”, sostiene el informático,
que asegura tener “muchos clientes muy religiosos”, que instalan VPN porque
opinan que el gobierno “filtra por kilos”, sin tener en cuenta los contenidos.
Además del quebradero de
cabeza para tener el antifiltro siempre actualizado, la existencia de los
bloqueos origina multitud de problemas y molestias para los navegantes.
Por ejemplo, falla el
programa Adobe (utilizado en muchos vídeos de la red), que al conectarse a
través de un proxy niega el servicio al no poder identificar al usuario.
También es problemática
la instalación de programas con licencias legales o, por ejemplo, de los
drivers de una impresora recién comprada, que no consiguen instalarse correctamente.
“El proyecto de
filtración en Irán ha sido un fracaso total. Los que quieren entrar a un sitio
entran y los que han hecho la ley lo saben”, dice Mazyar.
Es, por tanto, un juego
de persecución, en los que todos se dejan un montón de tiempo y esfuerzo y que,
más que impedir el acceso, simplemente lo complica.
Internet en Irán o la lucha diaria por saltarse la censura en la red
03/Oct/2014
EFE Futuro, Ana Cárdenes